Santa Isabel de la Santísima Trinidad

By admin on noviembre 9, 2020 in Santo del Día

Isabel nació el 18 de julio del año 1880 en una base militar en Avor, cerca de la localidad de Bourges en Francia, y fue bautizada cuatro días después.

En 1887, poco tiempo después que la familia se mudó a Dijon, su padre murió. El 19 de abril de 1891 ella hizo su Primera Comunión: ese día Isabel comenzó su dura lucha para “vencerse a sí misma por amor”, aprendiendo a controlar su temperamento voluntarioso, ardiente e impetuoso.
Progresivamente atraída por Cristo, en 1894 Isabel hizo un voto de virginidad. Sintiéndose llamada a la vida religiosa, ella pidió permiso a su madre para entrar en el Carmelo de Dijon. Obedeció a su madre que se opuso y le prohibió visitar el monasterio. Ella sólo pudo acudir de visita a partir del 2 de agosto de 1901.

Fue una buena pianista y ganó muchos premios. Era alegre y activa en la vida parroquial y social de su pueblo. Antes de su ingreso al monasterio vivió un tiempo aprendiendo a descubrir a Cristo en todas las cosas, entregándole su corazón a Él, incluso cuando estaba ocupada en varias actividades, participando en bailes y pasando tiempo con sus amigos.

El 8 de diciembre de 1901 la vistieron con el hábito religioso y le dieron el nombre de Isabel de la Trinidad. Su unión con la Santísima Trinidad creció en las profundidades de su alma. Mirando a María, ella aprendió a salvaguardar la presencia del Dios vivo y a hacer cada día la voluntad del

Señor con generosidad, contemplando el “más grande amor” manifestado en Jesús Crucificado.
Algunos meses después de su profesión religiosa, realizada el 11 de enero de 1903, se manifestaron los primeros síntomas de la enfermedad de Addison, que la condujo a la muerte en medio de atroces sufrimientos. Ella aceptó todo con paz y abandonándose con confianza en la misericordia de Dios. Vio en su enfermedad una ocasión propicia para conformarse a su Esposo crucificado, así como ella deseaba ardientemente ir a la gloria trinitaria de la comunión de los santos.

La Hermana Isabel de la Trinidad murió el 9 de noviembre de 1906 a los 26 años.

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San Adeodato I, Papa

By admin on noviembre 8, 2020 in Santo del Día

Su pontificado duró tres años. Era romano de nacimiento e hijo del subdiácono llamado Esteban. En su época, Roma se vio asolada por los desórdenes y guerras, por un terremoto y por una epidemia. San Adeodato se entregó totalmente al cuidado de los enfermos. El Martirologio Romano menciona el hecho de que una vez curó a un leproso al besarle las heridas. Según se dice, fue el primer Papa en usar los sellos de plomo llamados «bullae», nombre que se da actualmente a ciertos documentos pontificios.

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Beato Francisco Palau

By admin on noviembre 7, 2020 in Santo del Día

Francisco fue un hombre de fe, que en todas las empresas que emprendió y especialmente aquellas que le fueron más dificultosas, nunca perdió la fe, antes bien, fue la misma la que lo sostuvo y animó en la contrariedad o ante la incomprensión de los demás. Así da testimonio la nota necrológica escrita en El Ermitaño: “Quién sino un apóstol se halla revestido de esa fe inquebrantable, de esa grandeza de alma que mostró siempre el P. Palau en las luchas sin tregua que tuvo que sostener…”.

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San Engelberto, Arzobispo de Colonia, Mártir

By admin on noviembre 7, 2020 in Santo del Día

Uno de los abusos que más se extendieron durante la Edad Media, era la conseción de uno o varios beneficios eclesiásticos a los jóvenes y aún niños. San Engelberto fue un ejemplo de ellos, cuyo padre era el poderoso Conde de Berg. Cuando estudiaba todavía en la escuela de la catedral de Colonia, era ya prebendado de Santa María de Aquisgrán, de San Jorge, de San Severino y de la catedral de Colonia.

En 1217 fue nombrado Arzobispo de Colonia; la diócesis estaba completamente arruinada por las luchas políticas y religiosas, pero San Engelberto poseía cualidades humanas que lo hacían apto para la tarea que le esperaba: un juicio claro, un gran deseo de justicia, una voluntad fuerte y una presencia que imponía respeto.

El santo recibió generosamente a los frailes menores y dominicos a quienes alentó para que se estableciesen en sus dominios. Convocó varios sínodos en su diócesis para mantener la disciplina en el clero secular y regular.
El santo desempeñó con vigor y energía, y supo ganarse el respeto de todos; pero al mismo tiempo, la mano firme y justa con que gobernó, le creó muchos enemigos. Uno de ellos, fue su primo Federico de Isenberg, administrador de las religiosas de Essen, quien tramó una conspiración para asesinarlo debido a los reproches que San Engelberto le había dirigido a causa de sus abusos y malos manejos administrativos.

El 7 de noviembre de 1225, el santo partió de Soest a Schwelm con una escolta insuficiente, y Federico y otros nobles cayeron sobre él con cien soldados y lo asesinaron.

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San Leonardo

By admin on noviembre 6, 2020 in Santo del Día

Es uno de los santos más populares de Europa central. En efecto; dice un estudioso que en su honor se erigieron no menos de seiscientas iglesias y capillas, y su nombre aparece frecuentemente en la toponomástica y en el folclor. El mismo estudioso añade que él «despertó una devoción particular en tiempos de las cruzadas, y entre los devotos se cuenta el príncipe Boemundo de Antioquía que, hecho prisionero por los infieles en 1100, atribuyó su liberación en 1103 al santo, y, de regreso a Europa, donó al santuario de Saint-Léonard-de-Noblac, como ex voto, unas cadenas de plata parecidas a las que él había llevado durante su cautiverio». San Leonardo de Noblac (o de Limoges) es un santo «descubierto» a principios del siglo XI, y a ese período remontan las primeras biografías, que después inspiraron el culto hacia él.

Leonardo nació en Galia en tiempos del emperador Anastasio, es decir, entre el 491 y el 518. Como sus padres, a más de nobles, eran amigos de Clodoveo, el gran jefe de los Francos, éste quiso servir de padrino en el bautismo del niño. Cuando ya era joven, Leonardo no quiso seguir la carrera de las armas y prefirió ponerse al servicio de San Remigio, que era obispo de Reims.

Como San Remigio, sirviéndose de la amistad con el rey, había obtenido el privilegio de poder conceder la libertad a todos los prisioneros que encontrara, también Leonardo pidió y obtuvo un poder semejante, que ejerció muchas veces. El rey quiso concederle algo más: la dignidad episcopal. Pero Leonardo, que no aspiraba a glorias humanas, prefirió retirarse primero a San Maximino en Micy, y después a un lugar cercano a Limoges, en el centro de un bosque llamado Pavum.

Un día su soledad se vio interrumpida por la llegada de Clodoveo que iba a cacería junto con todo su séquito. Con el rey iba también la reina, a quien precisamente en ese momento le vinieron los dolores del parto. Las oraciones y los cuidados de San Leonardo hicieron que el parto saliera muy bien, y entonces el rey hizo con el santo un pacto muy particular: le obsequiaría, para construir un monasterio, todo el territorio que pudiera recorrer a lomo de un burro. Alrededor del oratorio en honor de María Santísima habría surgido una nueva ciudad.

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San Alejandro de Sauli, Obispo

By admin on noviembre 6, 2020 in Santo del Día

San Alejandro cuyo nombre significa «el que protege con fuerza», nació en Milán en 1535. A los 17 entró como religioso en la comunidad de los Padres Barnabitas, y luego de ordenarse como sacerdote, empezó a predicar con elocuencia y tan formidable doctrina que San Carlos Borromeo, Arzobispo de Milán lo invitó a predicar la cuaresma en su catedral. Fue nombrado superior general de su comunidad, y San Carlos Borromeo lo designó como su confesor. Su fama llegó hasta el Santo Padre Pío V, el cual lo nombró como Obispo de la isla de Córcega, siendo consagrado por el Arzobispo San Carlos.

San Alejandro encontró a Córcega en el más lastimoso estado moral. Los sacerdotes eran poco instruidos y el pueblo tenía muchas supersticiones; los campos estaban infectados por bandoleros y entre las familias había terribles venganzas. Se propuso evangelizar el lugar y lo consiguió. Visitó una por una todas las parroquias exigiendo que se enseñara catecismo y se diera buen ejemplo. Predicaba en todas partes con gran entusiasmo y mucho fruto. El santo trabajó en Córcega durante veinte años y consiguió la reforma.

Dios, nuestro Padre, le concedió a San Alejandro la gracia de hacer milagros, y fueron muchos los milagros que éste santo obró en aquella isla.

San Alejandro murió en 1592 y también después de su muerte siguió haciendo milagros.

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Santos Zacarías e Isabel

By admin on noviembre 5, 2020 in Santo del Día

La fama de estos dos santos se debe a que fueron los papás de San Juan Bautista.

El nombre de Zacarías, significa: «Dios se acordó de mí».

Isabel quiere decir: «Consagrada a Dios».

La bella historia de estos dos santos esposos la cuenta San Lucas en el primer capítulo de su evangelio.

«Hubo en tiempos del rey Herodes un sacerdote llamado Zacarías, casado con Isabel, una mujer descendiente del hermano de Moisés, el sumo sacerdote Aarón».

De estos dos esposos hace el evangelio un elogio formidable. Dice así: «Los dos llevaban una vida santa, eran justos ante Dios, y observaban con exactitud todos los mandamientos y preceptos del Señor». Ojalá de cada uno de nuestros hogares se pudiera decir algo semejante. Sería maravilloso.

Dice San Lucas: «Zacarías e Isabel no tenían hijos, porque ella era estéril. Además ya los dos eran de avanzada edad».

Y un día, cuando a Zacarías le correspondió el turno de subir al altar (detrás del velo) a ofrecer incienso, toda la multitud estaba afuera rezando.

Y se le apareció el Ángel del Señor, y Zacarías al verlo se llenó de temor y un gran terror se apoderó de él. El ángel le dijo: «No tema Zacarías, porque su petición ha sido escuchada. Isabel su mujer, dará a luz un hijo, a quien pondrán por nombre Juan. Él será para ustedes gozo y alegría, y muchos se alegrarán por su nacimiento, porque será grande ante el Señor; no beberá licores; estará lleno del Espíritu Santo, y convertirá a muchos hacia Dios, y tendrá el espíritu del profeta Elías, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto».

Zacarías le dijo al ángel: «¿Cómo puedo saber que esto que me dice sí es cierto? Porque yo soy muy viejo e Isabel mi esposa es estéril». El ángel le dijo: «Yo soy Gabriel, uno de los que están en la presencia del Dios, y he sido enviado para comunicarle esta buena noticia. Pero por no haber creído a las palabras que le he dicho, se quedará mudo y no podrá hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, que se cumplirán todas a su tiempo».

El pueblo estaba esperando a que saliera Zacarías y se extrañaban que demorara tanto en aparecer. Cuando apareció no podía hablarles, y se dieron cuenta de que había tenido alguna visión. Él les hablaba por señas y estaba mudo.

«Después Isabel concibió un hijo y estuvo oculta durante cinco meses (sin contar a los vecinos que iba a tener un niño)». Y decía: «Dios ha querido quitarme mi humillación y se ha acordado de mí».

El ángel Gabriel contó a María Santísima en el día de la anunciación, que Isabel iba a tener un hijo. Ella se fue corriendo a casa de Isabel y allí estuvo tres meses acompañándola y ayudándole en todo, hasta que nació el niño Juan, cuyo nacimiento fue un verdadero acontecimiento.

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Conmemoración de los Fieles Difuntos

By admin on noviembre 2, 2020 in Santo del Día

Esta fiesta responde a una larga tradición de fe en la Iglesia: orar por aquellos fieles que han acabado su vida terrena y que se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que los que mueren en gracia y amistad de Dios pero no perfectamente purificados, pasan después de su muerte por un proceso de purificación, para obtener la completa hermosura de su alma.
La Iglesia llama «Purgatorio» a esa purificación; y para hablar de que será como un fuego purificador, se basa en aquella frase de San Pablo que dice: «La obra de cada uno quedará al descubierto, el día en que pasen por fuego. Las obras que cada cual ha hecho se probarán en el fuego». (1Cor. 3, 14).
La práctica de orar por los difuntos es sumamente antigua. El libro 2º de los Macabeos en el Antiguo Testamento dice: «Mandó Juan Macabeo ofrecer sacrificios por los muertos, para que quedaran libres de sus pecados» (2Mac. 12, 46); y siguiendo esta tradición, la Iglesia desde los primeros siglos ha tenido la costumbre de orar por los difuntos.
Al respecto, San Gregorio Magno afirma: «Si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo. Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso».
Estos actos de piedad son constantemente alentados por la Iglesia. Source

Fiesta de Todos los Santos

By admin on noviembre 1, 2020 in Santo del Día

Para contrarrestar el efecto negativo de halloween, proponemos en estas fechas instruir a los niños con contenido educativo y cristiano. Aquí les proponemos este material cortesía del Secretariado Diocesano de Evangelizacion y Catequesis – México

EXPERIENCIA DEL NIÑO

Ir acomodando a la vista de los niños dibujos o fotos de los superhéroes que más conocen por la televisión, y también algunos anti-superhéroes, que ellos los vayan reconociendo por sus nombres, preguntarles cuáles más conocen ellos, ir apuntando en un lugar visible los nombres que vayan dando y entrar en un diálogo:

¿Cuál es tu superhéroe favorito?
¿qué es lo que más te gusta de él?
¿te gustaría tener sus superpoderes?
¿qué harías tú si fueras superhéroe?
¿por qué algunos son buenos y otros son malos?
¿por qué tienen poderes?
¿te has topado con alguno de ellos por la calle?
¿Existen de verdad estos superhéroes?

EXPERIENCIA DE LOS SANTOS

Los católicos estamos de fiesta porque el 1º. de Noviembre se celebra a todos los santos. Esa es la verdadera fiesta de estos días, celebrar a los monstruos y a las brujas no es de cristianos. Celebrar el día de muertos es una tradición de nuestra patria, y es bueno que como cristianos hagamos oración por nuestros difuntos. Pero ¿por qué celebrar la fiesta de todos los santos? ¿quiénes son los santos?

Los santos no son personas diferentes de nosotros, en todos los tiempos ha habido santos, de diferente edad, unos niños, otros jóvenes, adultos, viejitos, hay santos y hay santas, unos flaquitos, otros gorditos, unos muy inteligentes otros muy sencillos, algunos han nacido muy ricos otros fueron muy pobres, unos son blancos otros negros, unos han sido santos desde pequeños, otros llevaron una vida en la que no conocían a Dios, y se portaron muy mal, pero cuando se encontraron con Jesús, cambiaron, y decidieron ser felices siguiéndolo.

Todos, pero todos, estamos llamados a ser santos, Dios nos quiere santos, y para eso nos dio el Don de la Fe, fue su regalo cuando nos bautizaron, y todos los que estamos bautizados tenemos que ser santos, pero también tenemos que querer serlo. El Don de la Fe es más grande que todos los superpoderes de tus héroes favoritos y además es de verdad. Pero la fe no es para tener unos músculos muy fuertes, o para poder volar, o ver a través de las paredes, ni para golpear a nadie.

Ser santos es querer seguir a Jesús, actuar como él, hacer el bien como él, amar como él. SER SANTO ES SER AMIGO DE JESÚS.

¿A qué Santo o santa conoces?, ¿por qué es santo? Hacer una pequeña lista como la de los superhéroes  pero de los santos que los niños vayan nombrando. ¿en tu casa hay imágenes de algún santo o santa? ¿sabes cómo vivió, qué hizo para ser santo? ¿En la tele has visto que pongan a los santos?.

Vamos ahora a conocer algunos de ellos.

Hace un tiempo hubo un niño llamado Domingo Savio, que desde muy chiquito entendió que ser amigo de Jesús era lo más importante en la vida. El día que hizo su primera comunión, escribió en un papelito: «Mis amigos serán Jesús y María, me confesaré y comulgaré los domingos y días de fiesta, prefiero morir antes que pecar». Quería hacer la voluntad de Dios en todo. Un día un maestro preguntó en el recreo a todos los niños: «Si supieran que hoy iban a morir ¿qué harían?, uno contestó «correría con mi mamá», otro dijo: «yo iría a la Iglesia a rezar y a confesarme», y Domingo dijo: «seguiría jugando porque en este momento esa es la voluntad de Dios». Era un niño alegre, feliz, porque amaba a Jesús.

Santa Teresita, también amaba mucho a Jesús y a María Santísima, tenía muchas hermanas y todas ellas quisieron consagrarse al Señor. Ella siempre supo que todas las cosas pequeñas, oraciones, trabajos, servicios hechos con amor eran lo que agradaba a Dios, un día le dijo a Jesús que ella quería ser su «pelotita» para que el niño Jesús jugara con ella. Cuando recibía la Sagrada Comunión era la más feliz del mundo. Era buena con todos y buscaba hacer favores a las personas que no sabían dar las gracias y eso le costaba trabajo pero se lo ofrecía a nuestro Señor. Rezaba como quien platica con el mejor de los amigos porque conocía muy bien quien era Jesús.

San Agustín fue un gran santo, pero él no siempre se portó bien, hacía sufrir a su mamá con su mal comportamiento, pero su mamá que era muy santa, se llamaba Mónica, rezaba mucho para que su hijo conociera a Jesús, y el día que Agustín encontró a Jesús en su vida se llenó de tanta alegría que ya no quiso nunca más pecar, fue con su mamá y juntos rezaron y dieron gracias a Dios. San Agustín llegó a ser Obispo y tenía tanta confianza en el amor de Dios que le decía: «Señor, nos creaste para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti». Pensaba y meditaba en las cosas de Dios, escribió muchos libros que ahora en la Iglesia sirven de guía para todos los cristianos. Decía también:  «Ama y haz lo que quieras», porque sabía muy bien, que cuando se ama a Dios sólo harás lo que le agrada.

La Madre Teresa de Calcuta, quiso agradar a Jesús sirviendo a los más pobres, a los que nada tenían, a los que no podían pagar con nada, cuidaba con mucho amor a los enfermos porque decía que en los enfermos más pobres encontraba a Jesucristo. Todas las mañanas asistía a Misa, y comulgaba, para que todo lo que hiciera en el día fuera obra de Jesús. Cuando ya estaba muy viejita, seguía trabajando, hablaba a mucha gente, a los presidentes de los países, a los sacerdotes a personas de todo el mundo y los invitaba a que cuidaran la vida de todas la personas, sobre todo la de los niños. Ella rezaba siempre el Santo Rosario porque así siempre tenía la ayuda de la Virgen María.

Otros santos, han ido a lugares muy lejanos donde no se conoce a Jesús y les enseñan a amar a nuestro Señor, a ellos se les llaman Misioneros, algunos han muerto dando su vida por la fe, estos son los Mártires. Otros se han dedicado a cuidar a los enfermos, a los pobres, algunos fundaron colegios para que los niños se educaran y conocieran a Jesús.  Otros se han quedado en su ciudad y en su casa pero han hecho la voluntad de Dios y se han mantenido en su amistad. Algunos santos son muy conocidos por todos, pero hay otros que nadie conoce, más que Dios. Otros que han estado enfermos le entregan a Jesús todos sus sufrimientos, y así, nos encontramos que aunque los santos no salen mucho en la televisión ni los periódicos nos platican de ellos, están haciendo que en el mundo brille la gloria de Dios.

Los nombres que tenemos muchas veces son los nombres de algún santo o santa, son nuestros patronos, por ejemplo San Carlos, Santa Teresa, Santa Cecilia, San Pedro, San Juan, San Alberto etc.

Los santos, o sea los que ya están en el cielo porque vivieron su bautismo, a ellos se les venera porque son:

Modelo: Porque viendo lo que ellos hicieron para ser amigos de Dios nosotros los podemos imitar.

Estímulo: Porque ellos, lucharon como ahora nosotros y ya gozan de la herencia a la que también nosotros estamos llamados.

Intercesores: Son amigos y hermanos nuestros y grandes bienhechores a quienes podemos recurrir suplicándoles que hagan valer su influencia ante Dios en ayuda de nuestras necesidades.

EXPERIENCIA CRISTIANA

Ya nos dimos cuenta que los superhéroes son algunos personajes de la televisión, que nos divertimos y jugamos a que somos ellos, pero que en realidad no podemos tener superpoderes porque ellos sólo existen en las caricaturas y las películas, en cambio los santos son aquellos que han sido fieles a su bautismo, que el don de la fe que recibieron lo usaron muy bien.  El Papa Juan Pablo II nos ha invitado a vivir la santidad muchas veces, él ha llevado una vida de santidad y ha llevado al altar a muchos santos, y nos  dice que para ser santos  hay que:

Orar: Hacer  oración, no sólo rezar oraciones de memoria sino poner en ellas el corazón, orar es platicar con Dios.

Ir a Misa y comulgar. La Misa (La Eucaristía), es el lugar más hermoso del mundo, es como estar en el cielo porque ahí está presente Jesús que se nos da  en la comunión.

La Confesión. Acercaros seguido al perdón que Dios siempre nos da cuando  hemos pecado. Así recuperamos  su amistad y volvemos a ser felices.

La Gracia. Confiar en Dios,  saber que sólo porque Jesús nos acompaña siempre, podemos ser buenos.

Escuchar la Palabra de Dios. Conocer lo que Dios nos dice en la Biblia, aprender el catecismo, para hacer lo que le agrada a Dios.

Anunciar la Palabra de Dios. Ser misioneros, llevar a otros la alegría de encontrarse  con Jesús, lo podemos hacer con palabras, con nuestro comportamiento, con nuestra compañía, ayudando a los demás con amor.

La Santísima Virgen, san José, los apóstoles, mártires y santos todos esperan nuestro triunfo, están atentos a nuestra lucha, no nos olvidan.

¿Qué crees que puedes hacer tú para ser santo?

De los santos que platicamos hoy ¿a quien te gustaría parecerte?

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Beata Irene Stefani

By admin on octubre 31, 2020 in Santo del Día

“¡Sólo Jesús! ¡Todo con Jesús, todo para Jesús, todo para Jesús y nada para mí!”, fue el lema de vida que una vez escribió la Beata Irene Stefani, misionera de la Consolata en África.

La Beata Stefani nació en Brescia (Italia), en 1891 y en una familia de fe profunda. Fue una niña muy guapa y desde pequeña mostró una gran sensibilidad por el apostolado entre sus compañeras, familiares y personas mayores. Siempre pensaba en los pobres, ayudaba a los ancianos y cuidaba a los enfermos con trabajos pesados y humildes.

Quería ser misionera, pero tuvo que posponer este deseo al morir su madre y hacerse cargo de la educación y catequización de sus hermanos menores. En su familia y parroquia era conocida como “el ángel de los pobres”.
En 1911, con 19 años de edad, dejó su tierra y se fue a Turín para unirse al Instituto de las Misioneras de la Consolata, que un año antes había sido fundado por el Beato José Allamano. El fundador la recibió con los brazos abiertos y con el tiempo la Beata Stefani visitó el hábito religioso, tomando el nombre de Irene. El 29 de enero de 1913 hizo su profesión religiosa.

Más adelante partió con mucho entusiasmo para Kenia, donde la Evangelización estaba en sus inicios y no existían ni escuelas, ni servicio sanitario. Allí tuvo que aprender un idioma nuevo, adaptarse a la cultura y deshacerse de ciertos prejuicios previos. Asimismo, se reafirmó en su lema: “Jesús es el Salvador y vino a salvar también a los hijos de este pueblo”.

En la Primera Guerra Mundial, sirvió como enfermera de la Cruz Roja tanto en Kenia como en Tanzania, atendiendo a muchos nativos que fueron movilizados por los ingleses para ampliar y defender sus fronteras.

Allí, en medio de un hedor insoportable y con enfermos prácticamente abandonados a su suerte, la Beata supo brindar alivio y consuelo a los hospitalizados. Ella era como un ángel que los lavaba, medicaba, les vendaba sus llagas y heridas, les distribuía la comida, entre otras cosas.
Su atención, cariño y delicadeza con que realizaba estas actividades dejaba desconcertados a todos y captó la admiración de muchos musulmanes, médicos sin escrúpulos y torturadores. Asimismo, preparó a miles que voluntariamente decidieron bautizarse en peligro de muerte.

Después de la guerra evangelizaba haciendo de partera, enfermera, visitadora familiar e iba por el campo buscando jóvenes y adultos para que fueran a la escuela. Por otro lado, salvó a un gran número de niños que fueron abandonados por sus padres para que se practicara brujería con estos pequeños. Poco a poco empezaron a llamarla “Nyaatha” (madre de misericordia).

Cuando tenía 39 años de edad sintió una especie de llamada interior que le pedía el sacrificio supremo de su vida y ella aceptó. Es así que dos semanas después, mientras asistía a un enfermo de peste que murió en sus brazos, contrajo la misma enfermedad. Partió a la Casa del Padre el 31 de octubre de 1930 y fue beatificada el 23 de mayo de 2015.

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